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Por: Nicolás Perrupato

Esta larga conversación que parte del colectivo editorial de Crisis sostuvo con el exembajador argentino en China se dio a pocos días de firmado el acuerdo comercial entre Estados Unidos y Argentina, en plena guerra por el control de los recursos que echan a andar el mundo. Sabino Vaca Narvaja aborda las paradojas del socialismo con características chinas, las alternativas del desarrollo que disputan el futuro y los planes de Pekín para América Latina, en pleno despliegue de la agresiva doctrina Donroe.

Por: Nicolás Perrupato - Natalia Gelós

Fotografía: Anita Pouchard Serra

14 de Febrero de 2026

 

Sabino Vaca Narvaja parece una máquina, uno de esos robots inteligentes que diseñan la sociedad del futuro con características chinas. O tal vez la ansiedad política que derrama haya que atribuírsela a un aceleracionismo de la voluntad que proviene de los setenta, década clave en su biografía y en la historia reciente de la Argentina. Lo cierto es que llegó al asado-entrevista que le peparamos en Villa Urquiza con extrema puntualidad, 20:15 de un lunes muy caluroso, y recién a la 1:30 de la madrugada, luego de cinco horas de insaciable explicación sobre las bondades del modelo de desarrollo de la nueva meca oriental, dijo compasivo: "che, cuando les parezca que me vaya avisen, porque yo le meto y no paro más".

El whatsapp del ex embajador en Beijing combina su nombre occidental con algunos ideogramas chinos, que romanizados se lee Niu Wang Dao. Niu es vaca, Wang estar atento y Dao, del taoísmo, camino. El nombre que adoptó, también inspirado en uno de los líderes del Partido Comunista, el más académico, Chen Wang Dao, significa Atento al camino, como el título de su último libro, escrito en diciembre de 2023, a poco de retornar al país luego de ser el máximo representante diplomático argentino en China durante el gobierno de Alberto Fernández. Antes de atravesar el mundo había liderado el programa de cooperación chino-argentino (ProSA) de la Universidad Nacional de Lanús y trabajó en el Senado cerca de Cristina Fernández de Kirchner, previo a instalarse junto a su familia en Beijing en 2020, donde presentó sus credenciales a Xi Jinping. 

Sabino no es solo uno de los principales especialistas académicos que tiene el país en lo que significa el gigante asiático, su historia y sus capacidades estratégicas. Es además quizás el militante político que más conoce los vericuetos del poder comunista. Uno de sus orgullos es haber recorrido cada una de las provincias chinas y, como repite siempre, haber conocido en visitas oficiales a los gobernadores de esas regiones, selecto grupo de cuadros dirigenciales de los que saldrá el sucesor del actual mandatario.

 

formas del consumismo chino 

 

El hielo se rompe por la curiosidad: los primeros años en un país gigante con una cuarentena rigurosa, la extrañeza de un sistema que no tiene semejante, la naturaleza de una sociedad con una impronta seductora. Pero la cuestión energética se impone porque la potencia asiática lidera el camino hacia las llamadas energías limpias a la vez que se sostiene todavía como el principal emisor de dióxido de carbono en la actualidad. Sobre esa paradoja se hilan los planes de cooperación y los acuerdos. Hoy, la matriz energética china sigue siendo mayoritariamente carbonífera (algo más del 55%), con una participación relativamente baja del gas y casi marginal del petróleo. El resto se reparte entre hidroeléctrica, eólica, solar y nuclear, que ya explican cerca del 30% del total y crecen año a año. Son carbón-dependientes, pero la meta 2060 es la emisión cero. En esa línea China produce cerca de un tercio de los autos del mundo y lidera con holgura el mercado de vehículos eléctricos, que ya representan alrededor de un tercio de sus ventas internas.

Vaca Narvaja explica: "Vos tenés empresas estatales automotrices muy famosas como BaicShanghai Motor, pero también firmas privadas como BYD o Geely. Y empresas provinciales como Chery, de la región Anhui. Cuando todavía Elon Musk no era funcionario de Trump, le pide a Biden que le ponga 100% de aranceles a los BYD (autos eléctricos Build Your Dreams), porque le iban a romper mercado a los Tesla. Musk tiene su mayor producción en China. De hecho, diría que es uno de los países donde más se vende. China debe tener 300 marcas de autos. Incluso empresas que no fabrican automóviles como Xiaomi ahora te sacan un modelo tipo Ferrari, que acá no se vende porque es alta gama y le compite a Tesla. Es más barato y tiene muchísimas más prestaciones.

 

 ¿A partir de la llegada de Trump la permanencia de esos jugadores en China no se resiente? 

—No. Hay una entrevista muy buena que le hacen a Tim Cook, CEO de Apple, donde le preguntan por qué produce en China. Le preguntan si es por la mano de obra barata y entonces él responde que eso era antes, que ahora fabrica en China porque necesita un tipo específico de ingenieros en herramientas de sistema, que cuando en Estados Unidos hacen una convocatoria no logran llenar una sala con aspirantes, mientras que si convocan en China completan tres estadios de fútbol. Además, antes de la primera presidencia de Trump, el celular más vendido en China era el iPhone y yo supongo que para Apple sigue representando uno de los lugares de más venta. Por supuesto que con la retórica anti-China empezó el nacionalismo y pasó a ser Huawei el más vendido, pero sigue siendo un país con una demanda muy importante: 400 millones de sectores medios, lo que duplica a Estados Unidos. Y en diez años van a ser dos Europas de sectores medios. Entonces, explícame por qué Apple se va a ir.

 

 Apple puede ser, pero ¿qué pasa con Tesla? 

—Yo desafío a que me consigan un tweet de Elon Musk contra China. Uno. No hay. Es una sociedad de consumo muy grande. Entonces las empresas no se van más. Y obviamente van a tener que competir con las chinas, que es lo que está pasando. 

 

¿Cómo podemos pensar a esos nuevos consumidores chinos, a esa clase que ascendió y gasta a rolete? 

—Yo digo siempre, haciendo un reduccionismo, que es una sociedad de nuevos ricos. De repente incorporaste en un marco temporal muy corto, de setenta años, al 90% de la población que era campesina y cuya expectativa de vida era de 35 años en 1949. Ahora la expectativa de vida en China es de 78, superando a Estados Unidos. Subieron los salarios, subió el poder adquisitivo y ahí el Partido Comunista dijo: ojo con esto. Sobre todo cuando hace la apertura e introduce las reformas, en el período de Deng Xiaoping, cuando se instala todo el esquema fabril. Hay una lectura de las protestas de Tiananmen, que Occidente vincula a la búsqueda de libertades individuales y en realidad estaban motivadas por cierto espíritu conservador. Tuvieron picos históricos de inflación en esos años. Los chinos decían: este esquema liberal nos está generando niños trabajando, salarios miserables, hiper explotación. Por eso lo más correcto es decir que las protestas de Tiananmen fueron heterogéneas: incluyeron demandas políticas, pero también fuertes reclamos sociales contra la inflación, la precarización laboral y la corrupción generada por la apertura acelerada. Hubo, es verdad, muchas generaciones que se sacrificaron. En el proceso donde se consolidó como la factoría del mundo, China puso una cláusula: vos venís y ponés la planta, pero tenés que hacer dos cosas; transferir tecnología y asociarte con empresas nacionales. Por eso en cuatro décadas multiplicaron sus propias empresas.

 

Hay una lectura de las protestas de tiananmen, que Occidente vincula a la búsqueda de libertades individuales y en realidad estaban motivadas por cierto espíritu conservador. los chinos decían: este esquema liberal nos está generando niños trabajando, salarios miserables, hiper explotación.

 

Yo fui a visitar muchas, por ejemplo en Baotou, una ciudad en la provincia de Mongolia Interior. Ahí estaba la fábrica de Mercedes y al lado otra que se llamaba Beyben, de camiones pesados, que ya empezaban a dar saltos tecnológicos. Otra estrategia fue armar afuera con las mismas automotrices, por ejemplo con las mexicanas: ponían las plantas en México para venderle al mercado norteamericano. Es una modalidad muy inteligente de industrialización que, de nuevo, costó porque fue duro el proceso que llevó a eso, pero después representó un progreso enorme. En ese período llegaron a crecer a tasas del 13 y 14%. Más adelante, ya con Hu Jintao, China decide que ese crecimiento le estaba generando muchas asimetrías sociales y desequilibrios regionales. Empieza un proceso redistributivo y lo que ellos llaman la modernización con características chinas, o modernización equilibrada. Empiezan a desarrollar las zonas rurales, llevan la infraestructura al oeste. Xi Jinping, ya cuando es presidente, lanza el programa de la Franja y la Ruta, para desarrollar el noroeste, la frontera con Kazajstán, con el plan de conectarlo con Europa. Y ahí deciden bajar las tasas de crecimiento.

 

 

 Vayamos al reciente acuerdo comercial firmado por Estados Unidos con Argentina, ¿cuáles serán los efectos en la relación con China? 

—Milei hizo que el primer socio comercial de nuestro país sea China. Cuando vos liberalizás la economía con un actor de peso industrial tan fuerte, productor de los bienes industriales más importante del mundo, te pasa por encima. Y Estados Unidos, cuando el sistema que diseña deja de ser beneficioso para ellos, lo rompe. Pasó con el patrón oro y ahora está pasando con la globalización. Trump, con cierta inteligencia, se pregunta cómo detener a estos monstruos: rompiéndoles las reglas y generando un quilombo en la parte logística, más allá de los aranceles. Si vos le preguntás hoy a cualquier chino te va a decir que el Estado que más inversión extranjera hace en China hoy es Estados Unidos. Porque la mayoría de sus industrias están ahí. Acaba de volver de un viaje el CEO de Ford, al que también le hacen una entrevista divina, y dice: perdimos. China está orientada para que te solapes industrialmente: el celular tiene que ser parte de un sistema más integral como el Beidou o el GPS, está todo pensado de manera más sistémica. Y eso es lo que le da el salto de escala.

 

Milei hizo que el primer socio comercial de nuestro país sea China. Cuando vos liberalizás la economía con un actor de peso industrial tan fuerte, productor de los bienes industriales más importante del mundo, te pasa por encima.

 

Pero volvamos: yo creo que lo que intenta hacer Trump con cierta lucidez, aunque en un esquema muy de coyuntura, es proteger al dólar como herramienta de pagos internacionales. Muchos de los bancos centrales empiezan a acumular en oro, desprendiéndose de los bonos de tesoro. Y con el último embate contra Groenlandia, contra Dinamarca, hubo un movimiento de Europa entre bancos de noruegos y suecos que se desprendieron de un montón de bonos, en una jugada casi quirúrgica. Trump desescaló automáticamente, lo que te muestra que la batalla es real. China toma nota de la crisis de 2008 y prohíbe todas las monedas digitales por ley y dice que la única válida es la moneda digital creada desde el Banco Central. Los países del sudeste asiático y seis de Medio Oriente ya comercian en yuan digital, que no necesita el famoso código SWIFT sino que usan una alternativa, que encima es más rápido. Esos países conforman el 40% de la economía mundial. Y acordate que cuando China promueve la ampliación de los BRICS mete a Irán y Arabia Saudita, además de los Emiratos. Se garantiza así el esquema del petróleo de una manera contundente, con dos actores que te diría eran enemigos. Y al año siguiente Arabia Saudita rompe el histórico acuerdo del petro-dólar con Estados Unidos.

 

Trump con la estrategia actual, ¿está logrando sus objetivos?

—Venezuela exportaba el 80% del petróleo a China y lo comerciaba en yuanes. Esa es la verdadera batalla. Para China, Venezuela representa el 2% de sus importaciones de crudo. Es muy poco. Tiene una matriz muy inteligentemente diversificada, con un cuello de botella que es Medio Oriente: Arabia Saudita, Emiratos Árabes e Irán. Ellos necesitan importar la mitad del gas y el petróleo que consumen. En ese sentido, Medio Oriente es determinante. Por eso creo que el golpe geopolítico de Trump no es tanto Venezuela sino Irán, porque ahí le pegás al corazón de la estrategia China de largo plazo que tiene que seguir abasteciéndose de hidrocarburos y derivados. El estrecho por donde pasan esos flujos históricamente es el estrecho de Malaca que, junto al de Ormuz, son los pasos de la mayoría del comercio de hidrocarburos. Por eso es muy importante Taiwán. Mi tesis es que por debajo de la mesa, la carta de negociación de Trump va a ser Taiwán así como fue con Rusia y Ucrania. Vos ves la foto de Trump con los líderes de la Comunidad Europea en la reunión que tuvo con Zelensky, donde le pone el mapa con el territorio ya ocupado por Rusia como diciendo: “ya está”. Y ahí aparece la paradoja de Europa, que tenía miedo al fantasma del comunismo soviético y termina viendo cómo la democracia norteamericana quiere invadir su territorio. 

 

Entonces la conclusión es que América Latina no tiene mucha importancia para China porque el petróleo no es muy significativo. 

—Respecto del petróleo sí, pero el comercio en el año 2000 con América Latina era de 12 mil millones de dólares y el año pasado superó los 500 mil millones. China hizo una inversión muy grande en Venezuela de infraestructura. Y de hecho empezó a pagarle en yuanes para devolver ese crédito. Pero hay una cuestión también de perspectiva: la reserva más grande de petróleo, o una de las más grandes, está en Venezuela aunque ahora no esté produciendo en su potencial. Pero China mira a largo plazo. Trump, en cambio, trabaja para noviembre, necesita que le vaya bien en la elección de medio término. 

 

de tí depende 

 

En 2008, China emitió un documento llamado El Libro Blanco para América Latina y el Caribe. Lo actualizó en 2016 y volvió a ponerlo al día en 2025. En él desarrolla cómo podrían potenciarse las relaciones y los intercambios entre las regiones. “Está bueno leerlos porque primero habla del esquema comercial, en el segundo ya empieza a hablar de cooperación científico-técnica, y en el tercero se va a la cooperación espacial, integral”, resume Sabino. 

 

 ¿Cuál sería para nuestro país la diferencia entre Estados Unidos y China?

—Para no hablar de buenos y malos, la diferencia es que China está en una fase de desarrollo que la hace muy interdependiente y para seguir creciendo necesita vender y también comprar. Entonces tiene un modo de cooperación más positivo. Estados Unidos tiene que tabicarte o parar tu crecimiento, por eso impone sanciones, porque está en declive y quiere mantener su hegemonía a costa de otros. Para mí Latinoamérica pasó a ser una región central en la geopolítica mundial y Europa está quedando en la periferia. Esta región va a ser determinante por los minerales críticos, por los alimentos, por el agua, por las cadenas logísticas. Lo que no quiere Estados Unidos es que le pase con Latinoamérica lo que le pasó con África. Y para ir hacia el objetivo de la China moderna, alcanzar los 800 o 1000 millones de sectores medios, se necesita que la economía del mundo funcione integralmente y haya prosperidad para que sigamos comprando productos chinos. O sea, tiene una filosofía distinta a lo que conoce Occidente. De nuevo: depende mucho del país. Si vos no ponés reglas, que es lo que está pasando con Millei, se destruye tu industria. Pero mirá Brasil: le pusieron condiciones a BYD e instalaron fábricas. Eso nos puede impactar como Mercosur, porque nuestro primer socio comercial antes de Milei era Brasil, precisamente por esta cooperación de la industria automotriz. Esa es la clave: no es que China sea malo o bueno, tenés que tener un proyecto vos. 

 

 Eso supone que el vínculo siempre es bilateral, nunca regional.

—Sí, pero el problema somos nosotros. China dice exactamente qué quiere. Lo que no tenemos nosotros, desde hace muchos años, desde CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), es claridad sobre lo que queremos. Sin dudas que a un gigante así tenés que hablarle regionalmente. China con el puerto de Chancay, en Perú, está haciendo un ferrocarril para unir ese punto del Pacífico con Santos, Brasil, y hacer la conexión con el océano Atlántico. Ahí opaca a Panamá, mientras Estados Unidos quiere controlar Panamá y sacar a los chinos de ahí. 

 

 El motor de todas estas cuestiones finalmente es la escala. Si abren una fábrica en Brasil, es porque ahí el mercado potencial es interesante. 

—El objetivo de China siempre es Brasil, pero por ejemplo BYD sabe que para vender a Brasil tiene que hacer modelos en Argentina, porque estudiaron las leyes del Mercosur. Ya estaba dentro de su plan. La falencia es nuestra, que no estemos viendo esas oportunidades, que no tenemos plan de desarrollo propio. Argentina tiene capacidades más avanzadas que China en muchos rubros, como el aeroespacial o el nuclear.

 

 Si Estados Unidos logra retomar el control del hemisferio, ¿le hace daño a China? Al revés de lo que decís, pareciera que Pekín está muy contento porque vende un montón pero Estados Unidos está pensando en cómo va a ser la extracción de minerales y las cadenas productivas. La preeminencia china puede estarse basando en un economicismo chato. 

—China se transformó en el primer socio comercial de la mayoría de los países de la región, más allá de los gobiernos. De hecho, quienes más profundizaron la relación fueron Piñera, Lacalle Pou. Es indistinto del tema ideológico. Hoy leía que Perú se consolidó como el cuarto país de la región en exportación. Acaba de pasar a la Argentina. El dato es fuerte porque lo hizo gracias a la inversión del puerto de Chancay. Yo creo que tenés mucha ventaja en cooperar con actores como China, si tenés un plan.

 

Eso a nivel comercial, pero Estados Unidos se está garantizando el control de los recursos estratégicos.

—Para mí es todo retórico. 

 

¿Y Venezuela?

—Claro, excepto Venezuela. Pero yo quiero ver las inversiones de Estados Unidos en la región. Hasta ahora no hay empresas yanquis invirtiendo en litio fuertemente. Tampoco nuevas inversiones en petróleo. Pero porque no tiene capacidad. El analista Gabriel Merino dice: “te da palos y no zanahorias”. Y es verdad. Acá es obsceno, porque se trata de un país que busca dolarizarse y eso está en sintonía con la estrategia de Trump. Una cosa es la retórica de aranceles contra China, las empresas que van a venir y otra cosa es que pase. En la primera presidencia de Trump no pasó. O sea el control coercitivo tiene sus límites, si no lo acompañas con inversiones reales.

 

¿Qué es lo que le interesa de América Latina en concreto a China? 

—China necesita cambiar su matriz energética, tener abastecimiento y también alimentos y recursos minerales. Nosotros tendríamos mucho potencial con el Gas Natural Licuado (GNL). Pero hay que invertir la dinámica y volver el foco a nuestra región. Es verdad que el Libro Blanco dice que les interesa el comercio, los minerales y los recursos energéticos, pero también habla de cooperación. Y es el país que más coopera en términos científicos. Durante nuestro gobierno yo quise promover la industria porcina porque generaba un esquema de intercambio diferenciado, pero nos boicoteamos a nosotros mismos y los chinos se dieron cuenta. Entonces le compraron a Brasil. O sea, nosotros deberíamos tener un Libro Blanco en la región: ¿qué queremos con China? Porque ellos ya sabemos qué quieren. Te diría que hoy lo que quiere China, más que el comercio tradicional es la parte de servicio e innovación, porque desarrollan sus plataformas, sus redes, su sistema tecnológico, con códigos abiertos, a diferencia de Estados Unidos que es privado. De ahí el problema que tuvo Google en China cuando quiso entrar, le pidieron que abriera los códigos y no accedió. China armó sus propias plataformas, sus propias compañías que las regula el estado. Yo creo que uno de los problemas que está teniendo Occidente en general es un desfasaje entre estos oligarcas de las compañías tecnológicas. Hace mucho que en Occidente el Estado no toma decisiones sobre la economía.

 

 

quién promete futuro 

Mientras transcurre esta entrevista, Cuba vive una asfixiante escasez de petróleo como consecuencia de la agresividad del gobierno de los Estados Unidos. En medio de la declaración de la emergencia internacional por parte del estado cubano, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Guo Jiakun, expresó que Beijing apoya firmemente a La Habana en la defensa de su soberanía y seguridad nacional, y condenó públicamente el accionar yanqui. Sin embargo, más allá de las declaraciones el gigante asiático no parece accionar en defensa de su aliado caribeño. Le preguntamos a Vaca Narvaja el por qué de esa pasividad: "China no le pone armas a Cuba pero sí le da recursos. Ha invertido en infraestructura diez veces más que el Plan Marshall. La diferencia es que el Plan Marshall te pedía condiciones, votá así, votá asá. Eso es lo que yo digo que es la parte positiva de China. Ahora, pensar que va a haber un apoyo como en aquellos momentos del bloque soviético, eso me parece que no va a pasar. Menos, en términos bélicos". 

 

 Pero si cada quien por su lado busca salvarse solo y dentro de las reglas del capitalismo, lo que se oculta es la dependencia que le impide desarrollarse a quienes están sometidos a una relación de fuerzas muy asimétrica con el imperialismo.

— China abrazó las herramientas del mercado, no es una economía capitalista liberal: utiliza el mercado como herramienta bajo conducción estatal y planificación estratégica.

 

 La pregunta es si China realmente es una alternativa al Imperio Occidental o se va a mantener en el molde para cuidar sus propios intereses. Y por otro lado, la idea de que si vos hacés las cosas bien como lo hizo China te vas a poder desarrollar suena un poco meritocrática. Como cuando se le dice a un pobre que si se esfuerza va a poder prosperar.

— Yo no estoy diciendo que Argentina sea China. Estoy diciendo que si nosotros no discutimos ni doctrina, ni ideología, ni planes de desarrollo…. me parece que estamos en etapas más previas. Yo miro a China porque es mi objeto de análisis, pero no creo que haya que copiar modelos. Tenés una oportunidad porque hoy el mundo está más multilateral que nunca. Entonces, existen condiciones para generar tu desarrollo y discutir también a fondo el tema ideológico, pero lo que primero tenés que saber es para dónde querés ir. Lo primero es caracterizar bien el mundo. Una de las cosas que están pasando ahora es que en este momento histórico la Argentina se vuelve a aliar a una potencia en declive.

 

Pero flota cierta idea de que China podría oficiar de bastión frente a la prepotencia de Trump. ¿Es solo una ilusión? 

—Hay una canción de Silvio Rodríguez que dice: "Nadie sabe qué cosa es el comunismo, y eso puede ser pasto para la aventura". Y sigue la frase: "Nadie sabe qué cosa es el comunismo, y eso puede ser pasto de la censura". Tenemos un desconocimiento que genera la dualidad de que puede ir para un lado o para el otro: por eso nos genera fascinación o rechazo. Pero la verdad es que hay un desconocimiento total.

 

el chino es muy picante

Hacia el final de la velada, luego de algunas pausas para que Sabino pudiera pasar de las achuras al vacío y finalmente al costillar, le pedimos detalles sobre la gobernabilidad en China, la dinámica del Partido, la dimensión de los estímulos subjetivos del proceso que el Che Guevara, en su crítica al modelo soviético, oponía a los estímulos materiales que acicalaban el consenso a costa de la alternativa. Vaca Narvaja no tiene un casette puesto y hace de la sinceridad un valor clave para esta etapa en la cual se trata de "construir un camino en conjunto retomando el espíritu colectivo y movimientista que sigue vigente en Argentina". Además el vino lo inspira y desata la pasión que es innata. La conversación se extiende y a la vez se hace más honda. 

 

En una entrevista dijiste que en China hay una élite muy dedicada a la gestión y la conducción del Estado, mientras la mayoría de la población está muy despolitizada. 

—La mayoría de la población está despolitizada. Lo que pide es resultados. Por eso Xi Jinping encaró un doble proceso, vinculado a reducir las asimetrías. Por un lado, mandan a los militantes a vivir tres años a pueblitos, tienen que ayudar a mejorar cooperativas, y así el Estado obviamente mejora mucho la infraestructura. Yo recorrí casi toda China y el desarrollo en pueblitos del Tíbet, o en la provincia de Mongolia Interior realmente es impactante. Una modernización al ras de lo social. Que transformó a ese gigante en una sociedad de consumo muy importante. Hoy son súper marqueros, meten sus propias marcas de moda de segmento alto. China está apostando a sus marcas de lujo que son tres veces más caras que las occidentales, por ejemplo Louis Vuitton. Adidas ahora saca ropa china, con los botones tipo de la dinastía.

 

La legitimidad del gobierno procede de los resultados materiales, ¿lo ideológico no tiene mucho lugar, no?

—Están recontra ideologizados. El propio Xi Jinping, además de ser ingeniero, tiene un doctorado en marxismo y es el presidente que más recomendó leer al teórico alemán. Un programa muy visto allá se llamaba Marx tenía razón. Xi dice que su libro preferido es El Manifiesto Comunista, recita partes en sus posteos, están todo el tiempo haciendo un trabajo fuerte de formación con la población. Los chinos hicieron su propio patrón de pensamiento: el sujeto social acá es el campesino, no el proletariado; y la burguesía no es el enemigo, sino que tiene que ser aliada para llegar al esquema industrial. El mercado es una herramienta y tiene que generar progreso. Y la adhesión que tiene la sociedad china con el partido es grande, hay prosperidad, están cada día mejor. El problema que tiene Occidente es que no ofrece resultados, por eso genera oleadas antidemocráticas. Porque si la democracia no te da comida, aparece el quilombo. Xi viene trabajando un esquema de unificación política, sobre todo porque en 2027 es el centenario de la fundación del Ejército Popular de Liberación. El combate contra la corrupción le generó mucha adhesión de la gente. Había una intermediación del partido que permeaba el esquema económico. Puso un eje muy fuerte en eso, incluso con penas de muerte y perpetuas a líderes muy importantes. Hasta Deng Xiaoping, que participó en la revolución, al estado lo conducían los militares. Después los jefes pasaron a ser todos ingenieros. Los presidentes Jang Zemin, Hu Jintao, Xi. Un esquema tecnócrata, que refuerza Deng, con mucha formación sobre todo ingenieril en los cuadros máximos del Partido Comunista, que tiene 96 millones de miembros. 

 

¿Hay allá una cultura política de reclamar más a los gobiernos locales, agarrársela con ellos?

—El chino es muy picante, al contrario de lo que se piensa. En toda la historia de las dinastías, durante 5000 años hasta la República China con el Kuomintang incluido, nunca se votó. La primera experiencia democrática se la dio el Partido Comunista a la sociedad. Aclaro que no se vota como en la democracia liberal, se vota por asambleas populares y después es delegativo para la Asamblea Popular Nacional. A nivel local las discusiones son fuertemente asamblearias, el cooperativismo está presente, y las etnias. 56 grupos étnicos de los cuales uno, que es la etnia Han, son el 90% de la población, pero después tenés 55 etnias que tienen su propio idioma, cultura y en algunos casos gobiernan regiones, siempre bajo la conducción del Partido Comunista chino. 

 

Los que mandan son todos varones: ¿eso está cambiando?

—En Asia en general son machistas. Es una sociedad vertical centrada en la familia y con el confusionismo la mujer tiene un rol muy tradicional. Pero eso también está cambiando, tienen natalidad decreciente, las mujeres están estudiando más, incluso en el partido también se ven más mujeres, pero es un proceso lento. Hoy la preocupación es que no tienen hijos, están tratando de ver cómo dar incentivos. Está cambiando eso con las nuevas generaciones. Y no es lo mismo las ciudades y provincias más desarrolladas como Shanghai, que tienen una composición más cosmopolita, que otras ciudades. Hay mil chinas. Hoy es una sociedad de hijos únicos, por las antiguas restricciones. La parte buena es que cuando armas el vínculo es para siempre, sos parte de la familia. Por la cultura confuciana, tienen mucho respeto por la tercera edad, los integran, les dan un rol importante, suelen vivir con los abuelos, son un pilar y fuente de consultas permanentes. Vas a la noche a las plazas y están ahí jugando al Mahjong, que tiene fichas parecidas al dominó pero es más sofisticado. Tomando té y charlando hasta tarde. Volviendo a lo anterior, es cierto que Xi armó un control político muy fuerte con su núcleo duro. Y yo creo que se va a endurecer por la situación política de un mundo tan convulsionado. Está pasando de todo. Hay que ver, de nuevo, cuánto dura esta dinámica de Trump.

Fuente
crisis