
Comienza en China el Año del Caballo
11 febrero, 2026
En el calendario tradicional chino, el 17 de febrero comienza un nuevo año regido por el signo zodiacal del Caballo. La revista China Hoy presenta una descripción de la mitología y el significado de este tótem, escrita por el coeditor de Revista DangDai Gustavo Ng.
Una de las formas de referirse al horóscopo en China es 生肖 (shēng xiào), término que, traducido al español, pierde su síntesis de manera tal que la pregunta “¿cuál es tu signo?” se transforma en “¿cuál es el semblante del año de tu nacimiento?”
Por otra parte, “astrología”, se dice 占星术 (zhān xīng shù), que significa “arte de adivinación basándose en las estrellas”. Sin embargo, el conocimiento del horóscopo chino procede menos de la lectura de los astros que del acervo científico que ha acumulado la cultura china durante siglos, nutrido por miles de generaciones de astrólogos y por una gran diversidad de tradiciones epistemológicas de distintos pueblos.
En la mitología china los caballos tienen una presencia importante, como en el caso de 龙马 (Lóngmǎ), el caballo-dragón, que es la fuerza bruta del caballo elevada al principio celeste simbolizado por el dragón. También está el 天马 (Tiānmǎ), caballo celestial, inspirado en los caballos de Ferghana (actual Uzbekistán), conocidos desde la Dinastía Han, cuando llegaron a través de la Ruta de la Seda. Los 八骏 (Bā jùn) son los ocho caballos del rey Mu. El 汗血马 (Hànxuè mǎ) es el caballo que suda sangre, manifestación de su pasión al correr, dando su vida en el movimiento, y el 白马 (Báimǎ), el caballo blanco, que para los budistas es el viento que lleva las oraciones y las bendiciones a lejanos territorios.
Esas tradiciones fueron afluentes de un gran río. Naturalmente, las escuelas de mayor gravitación en el pensamiento chino son las que más contribuyen a su horóscopo.
Por ejemplo, para presentar al Caballo, símbolo que rige desde el 17 de febrero de este año hasta el 5 de febrero de 2027 sería conveniente recurrir a la idea de 气 (qì), que suele traducirse como “energía”.
Una criatura hecha de energía
Entre los conceptos chinos, 气 es posiblemente el más aproximado al de “energía” —pero debe advertirse que la semejanza entre el español y el chino cuando se trata de conceptos profundos es apenas aproximada. La idea de energía sólo evoca la de 气. De un modo abusivamente simplificado podría decirse que para el campo del confucianismo, 气 sería el aspecto material energético de la realidad, de alguna manera complementario de 理 (lǐ), el orden cósmico subyacente en todas las cosas, que a su vez es la naturaleza esencial o el patrón que define qué es cada ser. Así, la energía se ofrece para dar forma material a las premisas de la realidad.
De la misma forma podría decirse que en el campo del daoísmo, 气 es la fuerza primordial, que surge del vacío. De ella brota todo el universo y es la fuerza vital que anima el cuerpo, la mente y el espíritu.
Estas nociones del 气 han nutrido la representación del caballo en general y la del horóscopo en particular. De los múltiples y complejos atributos del 气, se aplican al caballo los de la energía primigenia, la fuerza que impulsa. La imagen es la de un caballo que está quieto y en un momento se lanza a la carrera. El repentino empuje está concentrado en las patas traseras del caballo, que lo lanzan hacia adelante con una potencia formidable. Toda la realidad se conmueve en ese instante. Nace una nueva vida, nace el caballo en movimiento, nace un tiempo específico.
El 气 del Caballo del horóscopo chino (al cual identificamos con la “C” mayúscula para indicar su peculiaridad) es el primer motor, la propulsión originaria, el estremecimiento del arranque, la convulsión de la nueva vida.
No es sólo una entre otras características: el 气 es el nudo semántico que configura la esencia del modo de ser del Caballo. La lógica propia, singular, del Caballo se organiza en torno a esta concepción del 气.
De esta manera, el Caballo del horóscopo simboliza el nacimiento. El ser Caballo es el nacer en cada momento, ante cada situación. Un nacimiento incesante, perpetuo. Un manantial de donde surge lo nuevo. El Caballo está condenado a ser una primavera eterna.
El sinograma 驹 (jū), con el que se nombra al potro, condensa los sentidos de juventud, fuerza en potencia, talento aún no desplegado y rapidez futura. De algún modo induce la idea de que no es el caballo que ya corre, sino el que va a correr.
El asombro
El modo de su existencia es virginal. Cada vez que se enfrenta a algo, por mucho que lo conozca, el modo Caballo siempre sentirá un golpe de sorpresa: el asombro de estar ante algo que nunca había visto. Esto desencadena en el Caballo curiosidad, susto y el impulso de poner las cosas en movimiento —su mente, su cuerpo y aquello ante lo que se encuentra—, de un modo lúdico.
“Gozando la brisa de primavera, los cascos del caballo se aceleran; en un solo día veo todas las flores de Chang’an”, dice el poeta Meng Jiao (孟郊).
En esa sensación, el Caballo recrea, crea, el objeto, la situación, el pensamiento, el espíritu con el que ha hecho contacto. Lo dota de novedad, de nuevo ser, de extrañeza, de nueva originalidad. El pasado del objeto queda suspendido, sólo hay presente.
El Caballo vive sus impulsos como inspiraciones. El mundo rutinario está fuera de su vista —si vive sólo en una rutina, el espíritu Caballo quedará opacado hasta la inexistencia. Ante el mundo el Caballo se impulsa inspirado. La inspiración es otro nombre del 气 que es el padre del Caballo. No es sólo un empujón desde la nada, sino un empujón con espíritu. Cuando se inicia un signo al escribir la caligrafía china, la mano, el pincel, la tinta, el espacio en el papel, el papel, estallan en un momento imbuido de espíritu.
Su iniciativa surge menos del pasado y la experiencia que de la inspiración que sopla como un viento cuyo origen es misterioso y desconocido.
La pureza
Todo lo que existe en el Universo es materialización del 气 (por ejemplo, los cinco “elementos” —metal, agua, madera, fuego, tierra— son estados diferentes del mismo 气). Sin embargo, el 气 que nace —o renace— es 气 en estado original, incontaminado, aún no tiene forma, ni ley, ni ha introyectado pautas, ni tiene guía, ni imita a un modelo. Es sólo en sí. No es posible predecir hasta dónde puede llegar. Es salvaje, indómito. El 气 en estado de pureza perfecta es de una belleza estremecedora.
También su talento tiene la potencia de lo inicial, el brío de lo naciente, lo que produce asombro, fascinación —y quizás también algo de miedo. Es un talento notable, cuya virtud fluye sin obstáculos ni frenos.
Para existir en este mundo, sin embargo, la elegante y vigorosa habilidad del Caballo debe ser reconocida por los demás. En su “Discurso sobre el caballo” (马说), el poeta Han Yu (韩愈), de la Dinastía Tang, sostiene que “primero el mundo tuvo a Bó Lè, y luego tuvo al caballo de mil li”: Bó Lè fue un legendario experto capaz de reconocer buenos caballos y el “caballo de mil li” (千里马) es una metáfora tradicional para personas con talento extraordinario.
El Caballo ve las cosas por primera vez. Su visión es original. Las cosas que han sido vistas durante miles de años cobran un nuevo semblante cuando las ve el Caballo.
Además, su mirada tiene la perceptividad de quien mira sin prejuicios, sin saber qué vería. Las cosas del mundo no le eran familiares y por lo tanto le resultan extrañas. Esto crea una distancia entre el Caballo y el mundo —una distancia que el horóscopo, en su manera holística de ver todos los aspectos de la realidad conectados de muchas maneras, como la resonancia y la correspondencia, identifica con el gran tamaño del animal caballo, que lo ve todo desde una gran altura.
Un coraje grande e indómito
El 气 hace del Caballo, por otra parte, una criatura de enorme coraje. El poeta Cen Shen (岑参), también de la Dinastía Tang, escribió este trazo de una batalla: “Sudor congelado sobre su lomo; el corcel moteado y dorado embiste.”
El ímpetu impele al Caballo inevitablemente al enérgico movimiento hacia adelante. Con su tamaño, avanzar se transforma de modo ineluctable en una embestida. Su poder es difícil de contener y la acción que genera altera la realidad. El sinograma 骁 (xiāo) —que contiene al signo del caballo (马), como radical— significa a la vez caballo, valiente y bravo o bravío.
Su gran tamaño hace del Caballo un ser tan magnífico como altivo y soberbio. Sin la vocación incurable de ser un rey —como la tienen el Dragón y el Tigre—, el Caballo mira el mundo y a los demás, desde una posición superior. Está distante allí arriba, separado de los demás. Observa el antiguo mundo fatigado de historia, de sucesos que se repiten una y otra vez, de preocupaciones vanas, de rutina recalcitrante, de normas y leyes que todo lo achatan; echa un vistazo a ese mundo, y se aparta. La posibilidad de ser domesticado hasta quedar oprimido por ese estado de las cosas le produce un violento rechazo. En la naturaleza de su 气 está el permanecer indómita, de modo que el Caballo se rebela ante el orden, los escenarios establecidos, las estructuras instituidas, las costumbres rígidas, la disciplina, los protocolos, las conductas forzosas, los métodos obligatorios.
Este aspecto es negativo para el modo de ser chino. Resistirse al pasado, a todo lo que las generaciones precedentes han construido con laboriosidad a lo largo de miles de años, no resulta ser el modo más inteligente de proceder. Al comenzar siempre de nuevo, la naturaleza del Caballo niega la experiencia, no es capaz de valorarla, ni siquiera de verla.
El radical de caballo (马) está presente en el sinograma 骜 (ào), que significa indómito, que no se somete, y señala a una criatura que entra en el mundo negándose, una voluntad que rompe disciplina y una fuerza que llega rechazando el orden. Representa la irrupción de lo no-controlado en el cosmos ritual. Justamente el concepto mismo de irrupción, 闯 (chuǎng), es visualmente eficaz: un caballo que está pasando por una puerta.
La mano que conduce la fuerza
El 气 que es el Caballo mismo, debe ser direccionado a través de su materialización. En sí no tiene orientación. Es puro impulso. Lo que pone en movimiento puede dirigirse hacia cualquier lugar, hacia el Cielo o el Infierno, hacia la virtud o el vicio, la benevolencia o el egoísmo, la catástrofe o la construcción, el caos total o un orden acabado. Por esta razón es que el confucianismo encuentra que el fundamento del Caballo requiere del 理 (lǐ), para completarse.
El carácter 驭 (yù), que significa domar o gobernar, contiene los signos de 马 y 又, es decir, caballo y mano. Podría formularse que gobernar es tomar la irrupción y encauzarla.
El 气 se niega a ser domado, pero si no es encauzado, sólo se quema, se pierde, se evapora sin fecundar el mundo.
Cada uno de los tótems del horóscopo chino tiene un camino hacia la realización. En el caso del Caballo, la realización consiste en el pleno despliegue del 气 constitutivo de su naturaleza, a través de un cauce. Los mismos esquemas, formas, patrones, órdenes, sistemas, estructuras y procedimientos establecidos que el 气 resiste deben ser los que contengan y ofrezcan una vida armoniosa al Caballo.
Categorías: Cultura